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Cuando llegué, la ví con los mismos ojos de siempre pero con una rara sensación de esperanza a no se qué y de que buenas cosas sucederían. Despúes de todo los últimos meses en Boca no habían sido tan buenos. Y asi, bastante desubicado al comienzo pero ya después amoldándome le acabe de tomar el gusto. Y lo típico, la comparación “Allá era así… pero acá si encuentro esto” y una lista interminable de diferencias entre las dos ciudades. Pero sólo bastaron unos cuantos meses para que acabara enamorado de la ciudad. Pase de ser visitante a habitante en la Universidad y supe el invierno duro y el mayo sofocante que nunca me habría imaginado. El olor de la madrugada en sus calles, así, sin prisas con un ligero el viento previo a la lluvia en verano. Su gente, que cada vez son menos los oriundos y aumentan los foraneos todos envueltos en la misma atmósfera nostálgica y esperanzadora algunos con sus sueños de letras, de música y de tanto arte que te encuentras sin siquiera buscarlo. Muchos de ellos disfrazados de maestros, burócratas o comerciantes pero allí siguen firmes en sus proyectos. No importa la edad y lo pocas o muchas que resulten las ganancias; siempre estan allí. Son celebridades que te encuentras en el café, sin reflectores pero con mucho reconocimiento de todos. Esta es Xalapa y creo que en ella me quedaré
