Su sonrisa…
Me hacía felíz verla sonreir. En ese momento todo se detenía, era como un gran alivio para ninguna carga, todo un gozo encontrar dentro de esa admirable apariencia de mujer fuerte la dulzura de una niña que habitaba alli dentro con sólo verla sonreir, al menos para mi.
Siempre quise decírselo, pero nunca encontré la oportunidad ni mucho menos la confianza. Muchas veces quise platicar con ella como se hace con alguna compañera en la facultad, no como la maestra que siempre admiré.
Hoy lo externo, manteniendome al margen, demasiado tarde…
o tal vez no.
(d.e.p. Martha Beatriz Hernández Rodríguez)
A veces la vida es tan incongruente…
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