Lo Dantesco


Tiburón de corazón
Enero 19, 2007, 6:24 pm
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Si, yo soy uno de esas personas patéticas que le apuestan el humor del día al resultado de un marcador. Me molesta mucho que me contemplen para otros planes cuando estan transmitiendo un partido de mis tiburones. Simplemente no estoy, me desaparezco.

Por lo regular me gusta verlos solo, no soporto comentarios negativos de personas que ni al caso con lo que está sucediendo en la cancha.

¿Que por qué tiburón? Nací en el puerto de Veracruz, viví 18 años en Boca del Río, “que no es lo mismo, pero es igual”, y toda mi vida ha sido el equipo de mi preferencia. Muchas veces, en broma, me justifico diciendo que es el mejor equipo al cual uno le puede “ir” por 3 razones muy convincentes:

1.Al ser un equipo irregular no causa expectativas, por lo que uno termina   predisponiéndose a la derrota cuanda se trata de enfrentar a equipos grandes.

2. Un empate significa que fué un duelo reñido y lograron mantenerse a la par que el rival. Pero…

3 Una victoría no tiene palabras, es motivo de un mini carnaval en el puerto. La gente está felíz, ese día miles de jarochos son concebidos y el Bulevar se atasca (si el municipio lo permite).

Esta justificación funge simplemente como distractor para evitar el castre de otras personas del estado también, pero aficionadas a los otros equipos que medio México apoya. Debo decir que para mi es parte de la identidad del veracruzano, es su equipo, el mismo que lo hizo emocionarse y emprender viajes de varios kilometros cuando la tiburomanía estaba en su esplendor. La que festejaba los goles del legendario “Comitas”  y que movidos por ese gran fervor imitaban su corte de cabello. Sólo bastaba con que llegaras con el peluquero y le dijeras “a la comas, por favor” y de pronto sabía que eso significaba rebajarlo de los costados, un tanto más largo de arriba y dejar que creciera una pequeña “colita” en la parte posterior. Recuerdo que en mi primaria hasta llegaron a prohibir la entrada a los niños con este corte por indisciplinados  hasta que las mastras ponían fin a nuestras ilusiones con un simple tijeretazo. Cuánta rebeldía, por Dios!

Esos fueron tiempos de gloria, pero también sufrí como no tienen una idea el descenso en el 98, y hasta la fecha sigo culpando a Rene Higuita por ello.

No fue hasta el verano del 2002 que los escualos ascienden nuevamente, aun no sé cómo, me confunde esa etapa del campeonato en el invierno del 2001 (que vi desde una rampa del pirata, por aquello del sobrecupo), el Irapuato y las promociones; simplemente se que volvimos a la grande. Tiempo después Matute, Blanco, Romagnoli, Bizcayzacú y volver a los problemas del descenso. Volvió el sufrimiento en un partido decisivo contra el Morelia. No se podía perder y lo hacíamos a finales del primer tiempo. Muchos tuvimos que seguir la transmisión por radio por aquello del “Solo por Sky” y realmente es más emocionante, pero más sufrido a la vez.  De pronto “Gooooooooooooooool… ” instantes de angustía “de quién, de quién” nos preguntabamos todos y fue entocnes cuando se escucho al Pirata reventar, Lucas Ayala nos había salvado del descenso, el festejo fue similar al que se hace cuando se gana un trofeo, yo con ganas de llorar pero aguantándome no tanto por la presencia de mi madre que también irradiaba alegría, sino porque allí estaba  Karla conociendo la parte más patética de su esposo, la de aficionado a los Tiburones Rojos del Veracruz, a mucha honra.

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Réquiem
Enero 18, 2007, 10:17 pm
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NUNCA MORIRÁN

Francisco Morosini, 2001
Los muertos que amamos no morirán.
Redoblan a difunto las campanas,
el bronce suena claro en las mañanas,
las almas de los muertos cantarán.
Los muertos que amamos no morirán.
Oigo voces que suenan tan humanas,
siento pasos a horas tan tempranas,
subrayo: mis muertos no morirán.
Si acaso, lo que extraño es su presencia,
su carne sometida a mil demonios,
asunto ineludible de su ausencia
Perdonen los que escuchan mi insistencia,
pero pruebas ofrezco, testimonios,
mis muertos no están muertos, son esencia.

José Francisco Morosini Cordero Q.E.P.D.